La economía digital del Sistema de Gestión de Contenidos

Sistema de gestión de contenidos

La aparición del Sistema de Gestión de Contenidos (del inglés Content Management System o CMS) nos sacó del estereotipo del webmaster a cargo de “todo” el desarrollo de un portal web o de una página web comercial.

Añadir contenido e información a la web ya no era tarea para aquél/aquella webmaster solitari@ y en teoría cualquiera dentro de una empresa o institución podría añadir y actualizar contenido, publicar comunicados de prensa y en definitiva contribuir a una presencia online madura para la empresa.

Fue una revolución al uso, puesto que esta capacitación para el autogestionado de contenidos liberaba a los roles más técnico y artísticos para evolucionar y superespecializarse en sus respectivas disciplinas, por ejemplo el diseño gráfico, dirección artística y usabilidad o bien la parte de desarrollo web a cargo de programadores especialistas no ya en casi cualquier cosa sino en un lenguaje de programación específico y/o en una plataforma CMS concreta.

Todo un clásico del Taylorismo digital de revolución de la producción mediante la especialización y asignación de roles que a la vez permitiría bajar los sueldos medios debido a la inferior preparación necesaria para ejecutar trabajos de publicación web.

  • Desaparece la figura del webmaster semi-dios intocable y con sueldos imposibles
  • Baja el listón mínimo de las capacidades adquiridas deseables para el puesto medio de trabajo
  • Se desatasca el proceso de publicación con todos los parabienes que eso implica
  • Aumenta el flujo de contenido por mera matemática

Implicaciones del CMS hoy en día

El uso de un CMS no sólo hace que sea mucho más fácil actualizar el contenido y crear nuevas páginas, permite adaptación rápida (a nivel de contenido en forma y densidades) a los constantes ajustes necesarios para seguir los cambios en los algoritmos de Google , básicamente. Junto a una reescritura automatizada de URLs amigables nada debería frenar la expansión de un dominio en autoridad y popularidad, el contenido es el “rey”, después de todo (¡vaya, lo he dicho!).

Hay un gran problema sin embargo y radica justo entre las líneas escritas más arriba. Por descentralizar el proceso editorial y dando a varias personas la posibilidad de añadir y modificar contenido del sitio web, el contenido en sí puede acabar sufriendo las consecuencias.

Ver como se diluye la densidad de palabras clave (aún se requieren unos mínimos para los motores de búsqueda más tradicionales y como apoyo “vintage” para Google Brain), lo contrario, es decir el EXCESO de palabras clave… La mala legibilidad (gramática incorrecta y estructura de la oración) y la intención incierta (el mensaje no se cruza con la intención del usuario) pueden conducir a un contenido desastroso.

Una mala escritura es discordante para el usuario y resta valor a la marca de la empresa.

¡Que las herramientas sean mejores no debe desequilibrar la balanza de la  calidad del contenido!

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